La WT dice...

«No constituye una forma de persecución religiosa el que una persona diga y muestre que otra religión es falsa [tampoco] el que una persona informada [la] exponga públicamente como falsa... Ciertamente el desenmascararla públicamente es de más valor que exponer la falsedad de un despacho noticioso; es un servicio público más bien que persecución religiosa y tiene que ver con la vida y felicidad eterna del público. No obstante, deja al público libre para escogerLa Atalaya, 15 de mayo de 1964, pág. 304.

"¿Están SUS enseñanzas en completa armonía con la Palabra de Dios, o están basadas en las tradiciones de los hombres? SI SOMOS AMANTES DE LA VERDAD, NO HAY NADA QUE TEMER DE TAL EXAMEN" (La vedad que lleva a la vida eterna - 1968, pagina 13.)

lunes, 25 de febrero de 2013

La Watch Tower y la sangre

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Como todos sabemos (y para beneficio del que no lo sepa) la WT ha prohibido desde hace unas décadas las transfusiones de sangre a sus adeptos y ha tratado de amedrentar al público en general sobre esto a través de sus publicaciones. En éste espacio nos hemos dedicado exclusivamente a defender la veracidad de  la Trinidad, la deidad de Cristo y la personalidad del Espíritu Santo pero éste tema es de suma importancia y por esto lo incluyo aquí.

Ha habido muchos TJ que se han visto en la encrucijada de tomar decisiones muy difíciles por culpa de una doctrina de hombres como lo es negarle una transfusión a un ser querido para salvarle la vida. Pero el estudio que leerán a continuación librará de dudas y traerá alivio al que pueda estar en dicha situación. 

El estudio que están a punto de leer es un extracto de la obra del Dr. Walter Martin “Los Testigos de Jehová”1, que es bastante completo y no necesita comentario alguno. Sin más preámbulo, aquí está el estudio.
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Después de la muerte del juez J. F. Rutherford (vocero oficial de la Organización Teocrática Torre del Vigía), en enero de 1942, comenzó a desarrollarse una nueva doctrina, bajo el régimen que lo sucedió, encabezada por Nathan Homer Knorr. Tanto el juez Rutherford como el pastor Russell (muerto el 31 de octubre de 1916), gradualmente se fueron desvaneciendo en las sombras ruselistas, y una nueva enseñanza, extraña aun para la prolífica pluma del juez, se metió en el rebaño teocrático.

Por algún método de razonamiento no relacionado con los procesos de pensamiento lógico, ¡los testigos de Jehová descubrieron de repente que las transfusiones de sangre estaban bíblicamente prohibidas! Libres de trabas, por el hecho de que la Biblia no habla nunca sobre el tema (porque era completamente desconocido en esa época), la publicación The Watch Tower (El Atalaya) anunció el 1 de octubre de 1945, en un artículo titulado “La santidad de la sangre”, que la transfusión de la sangre humana era una violación del pacto de Jehová, aunque estuviera en juego la vida del paciente.

Esta nueva “revelación” de los profetas ruselistas causó una ola de protestas sin fin de los medios bien informados, que sabían que la vida humana estaba en peligro y que ellos habían jurado preservarla.
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El pensamiento ruselista sobre la materia parece haber brotado de su interpretación de las normas del sacerdocio levítico relacionadas con el oficio de la sangre del sacrificio. Con oración, entonces, consideremos y pesemos toda la enseñanza bíblica sobre este asunto, no solo los versículos aislados que los testigos de Jehová han tomado, porque ellos los acomodan a su necesidad temporal de tal modo que les sirvan como nueva arma propagandística.

En la revista Awake (Despertar) del 22 d mayo de 1951, pág. 3, los testigos de Jehová citan Génesis 9:4; Levítico 3:17; 7:27; 17:10; 11, 14, y sostienen que estos pasajes apoyan su actitud de negarse a reconocer las transfusiones de sangre humana. Examinaremos ahora estos pasajes y veremos si sus argumentos son textualmente válidos.

“Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” (Génesis 9:4). Este versículo, tal como aparece en el contexto, no tiene ni la más remota relación con la sangre humana, mucho menos con las transfusiones. En el versículo anterior del mismo capítulo, Jehová dice claramente a Noé que está hablando con respecto a los animales, a su carne y a su sangre. Dios le dijo a Noé que la carne animal era para el mantenimiento, pero con una condición: que no comiera la sangre. “Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que se su sangre, no comeréis” (Génesis 9:3, 4).

Posteriormente, los testigos de Jehová declaran en su artículo “Los hijos, ¿pertenecen a los padres o al estado?”, que Levítico 3:17 y 7:27 prohíben las transfusiones de sangre.
Una vez más, los testigos de Jehová sacan los versículos de su contexto, sin tener en cuenta el significado de la ordenanza levítica relacionada con los sacrificios y holocaustos.
“Estatuto perpetuo será por vuestras edades, donde quiera que habitéis, que ninguna grosura ni ninguna sangre comeréis” (Levítico 3:17).

“Cualquiera persona que comiere de alguna sangre, la tal persona será de entre su pueblo” (Levítico 7:27).
Para el estudiante bíblico bien orientado muy poco es necesario decir a fin de dar una cabal explicación de estos versículos. El tercer capítulo de Levítico habla claramente de sacrificios y ofrendas para ser comidos como alimento, y se refiere a no comer sangre de animales, ¡no a las transfusiones de sangre humana! Levítico 7:27 también se refiere a la sangre animal en sentido de alimento. De ninguna manera es posible que se refiera a transfusión.
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Con su habitual rasgo de pasar convenientemente por alto las evidencias bíblicas que pudieran perjudicarlos, los testigos no mencionan el contexto de los versículos que citan. La revista Awake (Despertar) enumera los pasajes que se hallan en Levítico 17:10, 11, 14, pero extrañamente omite los versículos 12, 13, que son los que clarifican los textos. El versículo 13 dice: “Y cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, que casare animal o ave que sea de comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra”.

Este versículo indica claramente, como lo hace todo el contexto del capítulo, que se refiere primariamente a la sangre de animales y al hecho de comerla, ya que el canibalismo estaba expresamente prohibido por el mandamiento: “No matarás”, así como por otras enseñanzas de la Escritura (Éxodo 20). Como asunto de interés pudiéramos también anotar que cada vez que en la Biblia se mencionaba el sacrificio humano, siempre se lo declaraba abominable ante el Señor. A Israel se le prohibió expresamente matar; mucho menos podían comerse unos a otros, bajo pena de juicio inmediato, tal como está escrito: “El que derramare sangre de hombre,  por el hombre su sangre será derramada;  porque a imagen de Dios es hecho el hombre” (Génesis 9:6). 

Los Testigos de Jehová citan muchos otros pasajes del Antiguo Testamento que prohíben comer sangre. En el Nuevo Testamento siguen la misma línea. El escritor del artículo que apareció en Awake (Despertar) enumeró los pasajes de Hechos 15:19, 28, 28, 29; 21:15, para corroborar, con pasajes del Nuevo Pacto, las enseñanzas del Antiguo Testamento que se oponen a comer sangre. Pero veamos ahora lo que los testigos tratan de probar y veamos si su punto de vista es válido.

Ante todo, el cristianismo ortodoxo reconoce y observa las normas sobre no comer sangre tal como se hallan en el Antiguo y en el Nuevo Testamentos. Sin embargo, no podemos estar de acuerdo con la conclusión que sacan los testigos de Jehová. Los testigos de Jehová insisten en que la transfusión de sangre humana a través de las venas es alimentar el cuerpo tanto como comer sangre por la boca. Esta es en realidad una ingeniosa deducción, pero en vista de la verdadera enseñanza de la Escritura, no puede sostenerse.

En el Antiguo Testamento, Dios prohibió comer la sangre de animales por ser inmunda, y de igual manera la sangre del hombre. En el sentido técnico y médico de la palabra, la sangre es un “alimento” para el cuerpo, cuando la enfermedad o la anemia bajan el número de glóbulos rojos y los órganos vitales “sienten hambre”. Esto no envuelve en ningún sentido (1) el sacrificio de una vida, (2) ni el prejuicio para la salud de otra persona, (3) ni la violación de un código de leyes relativas al sacrificio como el que se halla en el Antiguo Testamento. Los testigos de Jehová no pueden presentar ni un solo versículo de la Escritura que se refiera a la sangre del hombre, bien en relación con la transfusión o en relación con el sacrificio ceremonial, que en alguna forma pudiera ser utilizado como argumento contra la acción de salvar la vida de otro.

Cuando uno practica una transfusión no es el sacrificio de una vida, ni comer sangre prohibida; sino una transferencia de vida de una persona a otra, un don de fortaleza que se ofrece con espíritu de misericordia y caridad. Cualquiera que haya observado a otro individuo mientras muere por falta de sangre y haya sido testigo de la desintegración de la vida humana, puede apreciar el gran bien que las transfusiones de sangre han hecho en general. Por supuesto, hay casos en que la infección puede presentarse o aun la muerte, pero el porcentaje es proporcionalmente pequeño y no tiene ninguna comparación.

Sin embargo, los testigos de Jehová, con sus olas siempre elevadas de propaganda, persisten en condenar a todo aquel que apruebe las transfusiones de sangre o participe en ellas. Dicen los testigos: “Así que sea que uno coma sangre congelada en carne no desangrada, o la beba en un matadero, o la tome mediante alimentación intravenosa en un hospital, de todos modos es una violación de la restricción divina que prohíbe tomar sangre en el sistema” (Awake –Despertar-, 22 de mayo de 1951, pág. 4).

Esta es solo una de las muchas afirmaciones dogmaticas en que los testigos de Jehová sostienen que ellos son la autoridad sobre la Palabra de Jehová, la Biblia. A pesar que ellos no responderían en debate escolástico a las críticas sobre punto, ni sobre muchos otros de la teología bíblica, persisten en representar a la fuente de la verdad y a la “Organización teocrática de Jehová”. 
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Fuente:
1. Martin W (1982). Los Testigos de Jehová. Bethany House Publishers, Minesota pp 60-65. 






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