La WT dice...

«No constituye una forma de persecución religiosa el que una persona diga y muestre que otra religión es falsa [tampoco] el que una persona informada [la] exponga públicamente como falsa... Ciertamente el desenmascararla públicamente es de más valor que exponer la falsedad de un despacho noticioso; es un servicio público más bien que persecución religiosa y tiene que ver con la vida y felicidad eterna del público. No obstante, deja al público libre para escogerLa Atalaya, 15 de mayo de 1964, pág. 304.

"¿Están SUS enseñanzas en completa armonía con la Palabra de Dios, o están basadas en las tradiciones de los hombres? SI SOMOS AMANTES DE LA VERDAD, NO HAY NADA QUE TEMER DE TAL EXAMEN" (La vedad que lleva a la vida eterna - 1968, pagina 13.)

sábado, 17 de septiembre de 2011

Respuesta “protestante” a una respuesta católica



NOTA IMPORTANTE

Debido a que el amigo JMA ha publicado un intento de "refutación" a esta entrega en una pagina de "información católica, he escrito una respuesta a su articulo en el siguiente enlace:"




                                          Contestación a un artículo de José Miguel Arraíz.

Saludos y que Dios bendiga a los lectores.

En un momento dado, mientras exploraba algunos archivos en mi computadora me encontré con un artículo que guardé sacado de un sitio de la red (web) de un conocido apologista católico llamado José Miguel Arraíz. Había pasado ya un tiempo desde que lo guardé y lo había olvidado pero ya que ha ocurrido el reencuentro, y por la naturaleza temática del artículo, decidí comentarlo.

Este artículo trata sobre el tan debatido tema del pasaje bíblico de Mateo 16:18. Comienza con alguien que formula una pregunta sobre una duda acerca del mencionado pasaje. Luego el apologista católico escribe sus respuestas basándose en las reglas de hermenéutica que utilizamos los que queremos llevar a cabo un estudio serio y honesto de las Escrituras.

Nota: He puesto la pregunta, así como las respuestas del amigo católico tal y exactamente como las copié de la pagina web, las cuales coloqué dentro de los llamados “text box” o cuadro de diálogo, y mis “respuestas a las respuestas” fuera de ellos.

Respuesta a la respuesta:
Comienzo citando una obra de Adolfo Eliud Gómez Sánchez, quien define la hermenéutica así: “La hermenéutica es la materia que se apresta al estudio y comprensión de cualquier texto; su aceptación es general en todas las culturas, pues sus principios son aplicables para la correcta comprensión de cualquier texto, sin importar el idioma en el que fue escrito, la cultura del escritor o de los lectores y en fin, todos los aspectos que se toman en cuenta para comprender correctamente un texto literario”. (Enseñando las Sagradas Escrituras, México D. F. Abril del 2003, p 22).

Ahora bien, una cosa es conocer las reglas hermenéuticas y otra diferente es saberlas utilizar correctamente. A lo largo de este artículo veremos en el que “responde” la pregunta antes formulada un claro ejemplo de alguien que parece que fue la primera vez que vio dichas reglas y no tiene mucho dominio de ellas que digamos. O sea, que para pegarle a un protestante con su mismo garrote primero tiene que conocerlo y saberlo utilizar de manera que no se golpee a sí mismo en el proceso.   




Respuesta a la respuesta: Concentrémonos en la marca amarilla donde se habla del supuesto cambio de nombre. Es cierto que cuando se le asigna un nombre nuevo a algún personaje de la Biblia, ese nombre designa el propósito y la misión de tal persona, pero eso no demuestra ni significa necesariamente que se ha hecho una “sustitución” de nombre.

Por ejemplo, todo el mundo sabe que a Jesús se le llamó El Cristo (Mat. 1:16). En la biblia se utiliza este título como su nombre propio (Hch. 2:31, 8:5, 9:20, Rom. 3:24, 5:6, entre muchos otros), pero no demuestra cambio alguno pues también se le llama por su nombre natural Jesús alrededor de ochocientas treinta y seis veces en aproximadamente el 99.5 % del Nuevo Testamento.

En el caso de Pedro ocurre lo mismo. Leemos en Marcos 3:16 que a Simón se le puso por sobrenombre Pedro. Todos sabemos que luego de su resurrección, Cristo llamó a Pedro por su nombre natural, Simón, en varias ocasiones (ej. Juan 21:15-17, donde se le llama a Pedro Simón mientras se le encargaba pastorear a las ovejas). También en el libro de  Hechos se le llama así en repetidas ocasiones. Por lo tanto, no se le cambió el nombre, sino que se le añadió un apodo o como se dice en inglés un “alias”.

Pasemos ahora a discutir lo que está marcado arriba en gris pues esa pregunta se basa en un hecho ficticio. Ya vomos que a Pedro no se le cambió el nombre sino que se le añadió un apodo que fue utilizado anteriormente para referirse a Simón. Así se contesta la pregunta final: no se trata de que haya casualidad o no,  sino que esto ya era uso y práctica.


Respuesta a la respuesta:
Sobre lo del cambio de nombre, ya se demostró que a Pedro no se le sustituye el nombre natural, sino que se le añade un apodo. El caso con Abraham es diferente, pues a él se le sustituyó el nombre por otro como leemos en Génesis 17:5, donde Yavé le dice que no se llamará más Abram, sino que de ahí en adelante se le llamará Abraham. En el caso de Pedro nunca se dice que no se llamará más Simón.

En cuanto a Sara y a Jacob, aunque Dios les sustituye el nombre, más adelante se les menciona con sus nombres naturales (Gén. 49:31, 1 Ped. 3:6 entre otros en el caso de Sara y en el caso de Jacob ver Heb. 11:21, entre muchos otros).

El punto que quiero traer en todo esto es que aunque sí es cierto, y nunca se ha negado, que el cambio de nombre denota el carácter del ministerio de la persona, no podemos aplicar la regla del supuesto cambio a todo mundo porque ésa no es la realidad. Hay casos donde el nombre se sustituye completamente pero hay casos en los que esto no ocurre. Decir que a Pedro se le “cambió” el nombre, aunque denota el carácter del ministerio que el apóstol ejercería, no demuestra su primacía y además, es solo un intento fallido por reforzar el argumento a favor de que él sea la piedra sobre la cual se edificaría la iglesia. 

Respuesta a la respuesta:
Cuando Pedro le responde a Jesús la gran pregunta, él habla de la identidad y naturaleza de Cristo como el Hijo de Dios, no de su ministerio, que fue a grandes rasgos “salvar todo lo que se había perdido” (Mat. 18:11). Pedro logró discernir correctamente la verdadera identidad del maestro. No olvidemos la primera pregunta que hace Jesús en el pasaje: ¿Quién dicen los hombres que es (no qué vino a hacer) el Hijo del Hombre?  Así mismo como Pedro habló de la verdadera identidad de Cristo, Jesús habla de quien es Pedro. Pero, ¿a qué se refería el Señor cuando dijo “sobre esta piedra”?

Aunque la enseñanza de que Pedro como la piedra en su carácter personal es la que los fieles católicos siguen (ver el # 881 del Catecismo de la Iglesia Católica), en el mencionado catecismo también se dice: “Movidos por la gracia del Espíritu Santo y atraídos por el Padre nosotros creemos y confesamos a propósito de Jesús: -Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo- (Mat. 16:16). Sobre la roca de esta fe, confesada por San Pedro, Cristo ha construido su iglesia.” (# 424)

Pero, ¿Cuál de estas posturas es la correcta? ¿Es sobre Pedro mismo que se edificaría la Iglesia o sobre la confesión de éste? Veamos a qué conclusión nos llevan las respuestas, porque solo una de estas posturas es la correcta. 


Respuesta a la respuesta:
En este momento entramos a discutir sobre las llaves que le fueron entregadas a Pedro. Nuestro amigo católico encontró en el pasaje de Isaías 22:20-25 un paralelo con Mateo 16:19 para indicar que las llaves que le otorgaron a Elyakim denotan una mayordomía superior. En este punto estamos de acuerdo el católico yo.

Es correcto que hay un paralelo en cuanto a que las llaves en la Biblia, además de utilizarse en su sentido literal (ej. Jue. 3:25), también simbolizan un alto cargo de responsabilidad, pero en todos los casos significa poseer, otorgar y negar acceso a algo. La pregunta que nuestro amigo debió hacerse es: ¿de qué son las llaves en Isaías y de que son las llaves en Mateo?

Aquí es donde radica la gran diferencia. En Isaías se entrega la llave de la casa de David y en Mateo se entregan las llaves del Reino de los Cielos. Los contextos de ambos pasajes nos aclaran para qué era la una y  la otra. Si revisamos el trasfondo del pasaje de Isaías notaremos que antes de Elyaquim convertirse en mayordomo, Sebna era el ostentador del cargo. El contexto inmediato del capítulo 22 desde el primer versículo nos dice que Sebna era un hombre ambicioso y corrupto y por eso el mismo Yavé lo destituyó del cargo poniendo en su lugar a Elyaquim, a quien entrega la llave de la casa de David, es decir de la nación de Israel. El cargo que Elyaquim ocuparía sería uno de carácter puramente administrativo secularmente.

En cambio, las llaves del Reino de los Cielos entregados a Pedro claramente denotan un liderato espiritual que tendría como pastor en la iglesia. Pedro abriría las puertas de la fe a gentiles pero más que nada a los judíos. Cuando Cristo le dijo a Pedro “y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mat. 16:19), tiene un paralelo en Mat 18:18 donde Jesús dice: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra,  será atado en el cielo;  y todo lo que desatéis en la tierra,  será desatado en el cielo”. Aquí, aunque no se les entregan las llaves, se les confiere la misma autoridad de atar y desatar a todos los discípulos, lo que significa que en ese sentido la autoridad de Pedro no era superior a la de los otros once.

Otro pasaje paralelo es Lucas 11:52 donde Cristo habla sobre las “llaves de la ciencia”. Ahí el contexto indica el negarle el verdadero conocimiento a las personas enseñando en su lugar uno falso, cerrándoles así las puertas de los cielos (Mat. 23:13). No hay en este pasaje indicio alguno de primacía.

También en la revelación de Apocalipsis hay cuatro instancias en las que se mencionan llaves. Una de ellas denota la posesión de acceso y señorío a la casa de  David, pues el portador de las llaves aquí es el mismo Cristo (Apoc. 3:7) También es Cristo quien posee las llaves de la muerte y el Hades (1:18). Las otras dos denotan el acceso al abismo (Apoc. 9:1, 20:1). En este caso, aunque a la estrella que cae del cielo se le entregan las llaves del abismo, aquí las llaves no denotan la primacía de éste, pues el puesto ya está ocupado por el rey de los que viven allí, quien es “Abadón,  y en griego, Apolión” (Apoc. 9:11).  En el cap. 20, tampoco las llaves significan primacía por lo antes dicho.

 Al aplicarle solo un significado (el de primacía) a las llaves es ignorar el resto de los usos y contextos asignados a lo largo de todas las Escrituras.  Por lo tanto, cuando  examinamos pasajes paralelos no podemos olvidar el trasfondo y el contexto de éstos porque el hecho de que sean paralelos no significa que sean cien por ciento equivalentes. Parece que a nuestro amigo católico se le “chispó” ese pequeño detalle.


Respuesta a la respuesta:
Tiempo era para que se demostrara de quién es verdaderamente el “cliché” porque aquí se está demostrando cómo se maneja realmente la hermenéutica. Como dije antes: “Una cosa es conocer las reglas hermenéuticas y otra diferente es saberlas utilizar correctamente”.


Respuesta a la respuesta:
Este argumento me parece gracioso pues aquí el querido amigo católico se acaba de pegar bien fuerte con su propio garrote. La acusación de que “los protestantes aplican un patrón fijo de significados a los elementos metafóricos” es precisamente lo que él ha hecho en relación con las llaves de Elyakim y las de Pedro. Utiliza la figura de la llave y la aplica a ambos personajes de la misma manera y sin embargo, la aplicación de la autoridad que confieren las llaves y los contextos son distintos en los dos pasajes.

Esto es un verdadero “exabrupto” en cualquier liga, sin mencionar la contradicción a sí mismo.


Respuesta a la respuesta:
Parece que nuestro amigo no sabe que dentro de esta tremenda herramienta llamada “hermenéutica” existe lo que se le conoce como “figuras retóricas” (símil, metáfora, hipérbole, metonimia, etc.). Es gracias a estas figuras que podemos discernir las distintas aplicaciones en las metáforas de modo que no caigamos en el supuesto error del que se nos acusa (precisamente en el que él cayó referente a las llaves).

Así que lo que nuestro amigo católico nos trató de enseñar aquí no es nada nuevo para nosotros los que estudiamos las escrituras honesta y seriamente. De hecho, los comentarios de nuestro amigo católico me parecen un insulto a nuestra inteligencia.


Respuesta a la respuesta:
Es correcto que en Isaías 51:1 la metáfora de la piedra se refiera a Abraham (aunque tengo ciertas reservas en cuanto a eso), pero un solo versículo donde  no se aplique ésta a Cristo no lo descalifica de ser la piedra. Existen decenas de pasajes en el Antiguo Testamento donde a Dios se le aplica la palabra Roca. Aquí pongo una lista de algunos de ellos:
Deut 32.4

El es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos
Deut 32.15

Y menospreció la Roca de su salvación.
Deut 32.18

De la Roca que te creó te olvidaste;  Te has
Deut 32.30

a diez mil, Si su  Roca no los hubiese vendido,
Deut 32.31

Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca,
Deut 32.31

Roca, Y aun nuestros enemigos son de ello jueces.
Deut 32.37

Dónde están sus dioses, La roca en que se refugiaban;
2 Sam 22.32

Porque ¿quién es Dios, sino sólo Jehová? ¿Y qué roca
2 Sam 22.47

y bendita sea mi roca, Y engrandecido sea el Dios de
2 Sam 23.3

El Dios de Israel ha dicho, Me habló la Roca de Israel:
Sal 18.31

Porque ¿quién es Dios sino sólo  Jehová? ¿Y qué roca
Sal 18.46

y bendita sea mi roca, Y enaltecido sea el Dios de
Sal 19.14

ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.
Sal 28.1

Salmo de David. A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía,
Sal 31.2

líbrame pronto; Sé tú mi  roca fuerte, y
Sal 61.2

Llévame a la roca que es más alta que yo,
Sal 62.2

roca y mi salvación; Es mi refugio, no resbalaré mucho.
Sal 62.6

El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio,
Sal 62.7

En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.
Sal 71.3

roca de refugio, adonde recurra yo continuamente.
Sal 73.26

Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios
Sal 89.26

Mi padre eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación.
Sal 94.22

por refugio, Y mi Dios por roca de mi confianza.
Sal 95.1

Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
Sal 144.1

Salmo de David. Bendito sea Jehová, mi roca, Quien
Isa 17.10

y no te acordaste de la roca de tu refugio; por tanto,
Hab 1.12

y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar.
































Si es cierto que hay muchos textos donde se utiliza la palabra roca o piedra para otros propósitos, como su uso natural por ejemplo, vemos que también es ampliamente utilizada metafóricamente para referirse a Dios.  La misma fórmula se sigue en el Nuevo Testamento:

Rom 9.33

tropiezo y roca de caída; Y  el que creyere en él,
1 Cor 10.4

porque bebían de la roca espiritual que los seguía,
1 Cor 10.4

y la roca era Cristo.
1 Ped 2.8

Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque


Hay otros pasajes donde no se aplica la palabra roca explícita o directamente hacia Cristo, pero el mensaje deja a entender claramente en la metáfora que se refieren a Él:

Mat 7.24


hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.
Mat 7.25

y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.
Luc 6.48

sobre la roca; y cuando vino una inundación,
Luc 6.48

pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.


Hay un dato muy interesante sobre el uso de la palabra roca (gr. Petra). En el Nuevo Testamento ésta palabra solo es utilizada nueve veces de las cuales solo en una se utiliza literalmente refiriéndose a una masa rocosa (Mat. 27:51). En cuatro ocasiones Cristo utiliza la palabra para referirse a sí mismo de manera indirecta (Mat 7:24-25, Luc. 6:48 dos veces).

De las cuatro veces restantes, tres son aplicadas a Cristo directamente (Rom. 9:33, 1 Cor 10:4, 1 Ped 2:8, donde curiosamente Pedro asigna el calificativo de piedra y roca a Cristo, y no a sí mismo –vea profecía mesiánica de Isaías 8:14-). En otras palabras, son siete de nueve las ocasiones en que la palabra roca es utilizada para referirse a Cristo. Esto no nos deja mucho margen para deducir contextualmente quien es la roca de Mat. 16:18.



Respuesta a la respuesta:
Este comentario del amigo católico tiene mucho mérito. Concordamos en que las metáforas citadas son diferentes aplicaciones al fundamento del que se habla. Pero aun cuando son diferentes metáforas, ambas son paralelas, es decir, que se complementan. El resultado de este complemento es que al Cristo ser la piedra del ángulo (Ef. 2:20) y también ser el fundamento (1 Cor. 3:11), entonces Cristo es tanto el cimiento que sostiene la obra (incluidos los apóstoles y profetas) como la cabeza de ésta. El Espíritu Santo se ha encargado de enseñarnos que el fundamento mayor es Cristo y la cabeza mayor también es Cristo. Estos puestos no los puede ocupar ningún ser humano falible.


Respuesta a la respuesta:
Este argumento también tiene algo de merito pero hay que aclarar un punto. Combinando este comentario con el anterior acerca de Ef. 2:20 y 1 Cor. 3:11 vemos que Cristo es el constructor de la Iglesia y es también la parte más esencial de la construcción. Cristo es el fundamento de las primeras piedras que son los apóstoles y a su vez es la piedra superior de soporte. Las demás piedras que se ubican sobre Cristo-fundamento y bajo Cristo-cabeza son el resto de la iglesia.

Interesante por demás es el hecho de que ningún lugar en el Nuevo Testamento dice que Pedro sea la cabeza (gr. kephalé) de la iglesia. Esta palabra tiene varios usos en la Escritura, por ejemplo, el literal que viene siendo la cabeza de una persona (Mat 27:29-30 entre otros). Pero en relación al gobierno de la iglesia se aplica solo a Cristo (ej. Mr. 2:10, Hch 4:11, espec. Efe. 5:23, entre otros).

En cuanto a que Pedro sea la primera piedra está bien, pero antes de Cristo colocarlo ahí ya había un fundamento. Este fundamento es Cristo mismo. No olvidemos que no hay otro fundamento sino Cristo (1 Cor 3:11) y los apóstoles junto a la iglesia están sobre este fundamento (Efe. 2:20). Si los apóstoles tienen un fundamento (Cristo), y Pedro es uno de esos apóstoles, entonces la piedra de Mat. 16:18 no puede ser Pedro, pues él no puede ser el fundamento y a la misma vez ser la primera piedra colocada sobre ese fundamento. De hecho, el apóstol Pablo da testimonio de que Pedro es considerado “columna” de la construcción junto con Jacobo y Juan (Gál. 2:9).

Todo esto nos da a entender que Pedro es la primera piedra puesta sobre el fundamento, no la primera piedra del fundamento. Claro, esto se obtiene aplicando el principio del paralelismo y complemento, detalle que el amigo católico pasa por alto.


Respuesta a la respuesta:
Sin embargo, el propósito con estas “respuestas a las respuestas” es demostrar una vez  más que las acusaciones proferidas por nuestro amigo católico son completamente infundadas. Vez tras vez se ha ido demostrando bíblicamente que se está haciendo uso de la hermenéutica de una forma más profunda que la que nuestro amigo está exponiendo.

Una vez más apelo a la mezcla de metáforas hechas por el amigo referente a las llaves para sostener su posición para luego acusarnos a nosotros de lo mismo. Eso no es hermenéutica ni apologética justa. Es más, esto es mirar la paja en el ojo de su prójimo sin mirar la viga que hay en el suyo (Mat. 7:3). En este caso el amigo interpreta los pasajes de Corintios y Efesios de manera separada pero, ¿y el paralelismo? Bien, gracias.


Respuesta a la respuesta:
En esto estamos de acuerdo mi amigo católico y yo. Todos sabemos que una cosa es la piedra angular de un edificio la cual provee sostén firme a la estructura y otra es la base sobre la cual se edifica la estructura. Esta base tiene que ser muy solida para evitar que suceda lo que Jesús dijo de la casa que fue edificada sobre la arena, que “descendió lluvia,  y vinieron ríos,  y soplaron vientos,  y dieron con ímpetu contra aquella casa;  y cayó,  y fue grande su ruina” (Mat 7:27).

Lo maravilloso de esto es que la Biblia dice contundentemente que Cristo es tanto la piedra angular como el fundamento que acoge a la iglesia.


Respuesta a la respuesta:
La construcción que nuestro amigo acaba de hacer no resistiría ni una brisa mañanera. Una vez más menciono que la Biblia habla de el fundamento de los profetas y los apóstoles (Ef. 2:20), pero también la Biblia habla de que no se puede poner otro fundamento porque ya existe uno que es Jesucristo (1 Cor 3:11). En la construcción del amigo se ha sacado completamente esta última parte.

De nuevo, si no complementamos estos dos textos entonces surgiría una contradicción. Al complementarlos, el resultado sería que Cristo es el verdadero fundamento (base) de la estructura mientras el fundamento de los apóstoles y profetas es la doctrina de Cristo, es decir, Cristo mismo. Esta es la parte que nuestro amigo deja fuera de su construcción, pero la verdad es que si Cristo no es la base o sostén de la iglesia entonces la estructura se cae por completo, pues se queda en manos de hombres falibles.

De hecho, en un comentario anterior que hace el amigo católico sobre 1 Cor. 3:11, dice que en este caso el fundamento es Cristo. Entonces; ¿por qué ahora lo quita de la construcción y la deja sin base?


Respuesta a la respuesta: La Conclusión
Debemos tener algo en claro. Ningún protestante serio en el estudio de las Sagradas Escrituras niega el papel preeminente que Pedro tuvo en la fundación de la comunidad más poderosa de e influyente de la humanidad: La Iglesia de Cristo. Simón fue un líder muy estimado y respetado, de carácter firme y, ¿cómo no?, el jefe de los apóstoles. Si de eso se trata el primado, muy bien.

Pero otra cosa muy diferente es elevar el primado de Pedro a la posición que mi amigo y los católicos en general le quieren asignar: el anti bíblico puesto de líder supremo y cabeza de la iglesia. Lo cierto es que no hay base bíblica para tal pretensión y los textos bíblicos que quieren utilizar se convierten en subterfugios en las manos de los apologistas de roma.

Saben que si aceptan la verdadera doctrina como nos la entrega la Palabra de Dios se darán cuenta que ningún hombre falible usurpará nunca el puesto de Jesucristo como el verdadero fundamento y la verdadera cabeza de la iglesia.

Haciendo un resumen a grandes rasgos obtenemos lo siguiente:



1.  Las llaves en la Biblia no siempre denotan un puesto de primacía. Mateo 16:19 (entre otros) es uno de esos no.

2. El uso de la palabra roca en la Biblia inclina la balanza a que la roca de Mateo 16:18 es Cristo.

3. Un análisis serio de Efesios 2:20 y 1 de Corintios 3:11 al complementarse, inclinan aun más la balanza a que la roca de Mateo 16:18 es Cristo.

4. El simple hecho de que Pablo considere a Pedro “columna” de la obra (Gál. 2:9) inclina todavía más la balanza a que la roca de Mateo 16:18 es Cristo (una columna no puede ser a la vez un fundamento).  

5. Una iglesia donde el fundamento principal no sea Cristo no resiste el soplo de un asmático crónico.



Proverbios 16:18 nos enseña:
Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída  la altivez de espíritu”.


Juzgue el lector a quién se le debería aplicar éste pasaje.


Gracia y paz sean a vosotros,  de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

El Blog Máster.
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